lunes, 2 de marzo de 2015

PENA

Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd. Los sentimientos que bullían en mi interior eran demasiado fuertes y pugnaban por aflorar. Tampoco luché por evitarlo; al fin y al cabo allí dentro estaba todo lo que había dado sentido a mi vida, todo por lo que había luchado, todo por lo que había dado lo mejor de mí. Ya no quedaba nada, a partir de ahora tan solo el recuerdo, sin fuerzas, sin ganas, sin ilusión, sin tu mirada. Me brotó una lágrima, un beso, un suspiro y mi último latido antes de caer desplomado. El adagio de Albinoni continuaba sonando.

NO HAY UN MAÑANA

Empezó a pensar en un nuevo teorema; el último estaba concluido, un éxito, otro más. Una vida jalonada por el éxito tanto social como profesional; cada idea emprendida era culminada de forma notable, reconocida por la sociedad, estaba orgulloso pero ya era tarde, el encargado de seguridad ya había dado aviso de cierre, tenía que irse. Otra vez a casa, un día más a la soledad, ¿Cuándo llegará mañana?

MALDITO SOMBRERO

Este se va a enterar de lo que vale un peine, mascullé para mis adentros, y raudo como el viento me abalancé sobre mi futura víctima, alto, esbelto más bien, a mitad de camino entre la mediana y la tercera edad, trajeado, elegante, sombrero negro,…
– Usted perdone, seguro que está buscando un peine, apuesto que necesita uno, o tal vez un cepillo. Permítame que le enseñe, tengo de todos los modelos y colores, - le empitoné todo de corrido, sin dejarle siquiera pestañear.
– mire, de alisado especial, ahuecador de doble púa, profesional con púa de nailon…

– Lo siento amigo – me interrumpió quitándose el sombrero y enseñando su brillante y reluciente calva.

LOA AL LUNES

No creo que pueda pedirse mucho más para ser un lunes por la tarde. He aquí una expresión totalmente falaz, digna de ser pronunciada por alguien que no se dedique más que a banalidades fútiles. El lunes es, sin dudarlo, el mejor día de la semana, el día en que, después del descanso, se acomete al mundo con mayor energía, con toda la ilusión, con total empuje, con la fuerza necesaria, en el cuerpo y el espíritu, como para mover el destino rompiéndolo por el eje. ¡Loor y gloria al lunes!

Vaya; aquí vuelven los de la bata blanca. ¡Pobres!, se creen que estoy loco.

LO SABE

Le faltarán, al menos, un par de centímetros para alcanzar la barra del trapecio, calcula Juan. Es igual, no se desespera; sabe que terminará consiguiéndolo; sabe que dos centímetros no es nada, es una miseria; sabe que con una buena alimentación, con ejercicio y con una voluntad férrea crecerá lo suficiente como para alcanzar y superar esa barrera; lo sabe. Además es plenamente consciente de que el tiempo juega a su favor, tiene toda la vida por delante, aún es joven, lo sabe. Su afán de superación es enorme; carecer de piernas es solo un pequeño hándicap; lo sabe.

JUAN

A nadie se le ocurrirá que solo quiso volar, como antes, como siempre, pero ¿a quién le importaba? al fin y al cabo Juan era tan solo un niño, muy imaginativo, si, muy inquieto, de acuerdo, inaguantablemente travieso, es posible; pero, a pesar de su corta edad, tan solo cuenta con siete años, tiene una única pasión, ¡volar!

Al principio hacía gracia la tontería del niño; como cuando se hizo aquellas alas de papel hace un par de años; como el pasado Mayo cuando quiso montar un taller en el garaje para fabricar un avión de madera. ¡Pero ya es la tercera vez que tienen que ir a buscarle al aeropuerto! 

ESTRÉS

(Concurso Cadena Ser. Primera frase obligada) 


Sin saber por qué, le di un puñetazo descomunal al lomo de cerdo. Llevaba cerca de tres cuartos de hora intentando atar el maldito lomo relleno que me había comprometido a cocinar para la cena de Nochebuena y estaba desesperado; cuando conseguía atarlo de un lado, se me salía el relleno por el otro. El hilo se me enredaba entre los dedos grasientos y era incapaz de anudar consistentemente; me estaba estresando, la cocina llena de cacharros, el reloj desgranado minutos a velocidad de vértigo y el lomo se me seguía escurriendo entre las manos. Respira, me dije, es Navidad. Comencé a cantar un villancico.

EL ADIVINO

(Concurso Cadena SER. Primera frase obligada) 


Había escrito cien veces: te quiero y no volveré a reírme de ti. Me había obligado la maestra y, a regañadientes, con rabia por la vergüenza del castigo, lo escribí, pero no lo sentía, no tenía ningún propósito de enmienda; lo siento, pero no me caías bien y necesitaba reafirmarme entre mi grupo de compañeros. Lo que en aquel momento no supe comprender, no podía prever es que la semilla había prendido y que crecería a lo largo de estos años, poco a poco, hasta el día de hoy que nos hemos convertido en padres de esta hermosa criatura.

CUARENTA AÑOS ES NADA


(Concurso Cadena SER. Primera frase obligada)

Usted es el primero que la abre. Durante años ha permanecido así, lacrada, archivada, olvidada en nuestros registros, a la espera de que alguien la reclamase acreditando, como es obvio, su propiedad. Si no fuera indiscreción, me gustaría saber qué es lo que contiene, ¿sabe?, llevo cuarenta años trabajando aquí y siempre la he visto, amarilleando con el paso de los años, ajándose poco a poco. Dígame, por favor ¿Qué hay dentro? ¡Me corroe la curiosidad!

-              -  Nada. Es un sobre vacío.

ACOMPÁÑAME


(Concurso Cadena SER. Primera frase obligada)

El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no insistas, decía, no supliques, no implores ni llores, ni patalees; no te rebeles a tu sino, a tu destino; afróntalo con gallardía, con coraje, con la cabeza alta. La vida tiene estos sinsabores, estas certezas, estos finales. La vida se acaba y llega el momento en que tienes que encarar a la muerte de frente, mirándola a los ojos. Lo sabes, eres totalmente consciente de ello, no debes tener miedo alguno. Ya es la hora, vamos, mírame a los ojos y dame la mano. Vamos.