Había escrito cien veces: te quiero y no volveré a reírme de ti. Me había obligado la maestra y, a regañadientes, con rabia por la vergüenza del castigo, lo escribí, pero no lo sentía, no tenía ningún propósito de enmienda; lo siento, pero no me caías bien y necesitaba reafirmarme entre mi grupo de compañeros. Lo que en aquel momento no supe comprender, no podía prever es que la semilla había prendido y que crecería a lo largo de estos años, poco a poco, hasta el día de hoy que nos hemos convertido en padres de esta hermosa criatura.
lunes, 2 de marzo de 2015
EL ADIVINO
(Concurso Cadena SER. Primera frase obligada)
Había escrito cien veces: te quiero y no volveré a reírme de ti. Me había obligado la maestra y, a regañadientes, con rabia por la vergüenza del castigo, lo escribí, pero no lo sentía, no tenía ningún propósito de enmienda; lo siento, pero no me caías bien y necesitaba reafirmarme entre mi grupo de compañeros. Lo que en aquel momento no supe comprender, no podía prever es que la semilla había prendido y que crecería a lo largo de estos años, poco a poco, hasta el día de hoy que nos hemos convertido en padres de esta hermosa criatura.
Había escrito cien veces: te quiero y no volveré a reírme de ti. Me había obligado la maestra y, a regañadientes, con rabia por la vergüenza del castigo, lo escribí, pero no lo sentía, no tenía ningún propósito de enmienda; lo siento, pero no me caías bien y necesitaba reafirmarme entre mi grupo de compañeros. Lo que en aquel momento no supe comprender, no podía prever es que la semilla había prendido y que crecería a lo largo de estos años, poco a poco, hasta el día de hoy que nos hemos convertido en padres de esta hermosa criatura.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario