miércoles, 4 de marzo de 2015

PAPÁ, ¡CUÉNTANOS UN CUENTO!


Relato galardonado con el 2º premio del Certamen Literario de Igualdad de Benalmádena 

   ¡… Y colorín colorado, este cuento se ha acabado! Hala niños, vamos a apagar la luz y a dormir, que ya es muy tarde y mañana es día de colegio.
   ¡No, papi, espera! – protestaron los dos niños al unísono.
   No espero nada. Ya os he contado un cuento y, repito, es muy muy tarde. Debéis poneros a dormir, ahora mismo.
   Pero papá – insistió Susana esbozando un mohín – Es que siempre nos cuentas los mismo cuentos.
   Sí, es verdad, papá – reafirmó Roberto muy seguro de sí mismo; al fin y al cabo era dieciocho meses mayor y sabía que se esperaba más seriedad de él – siempre nos cuentas cuentos de príncipes, de hadas, de caballeros, de princesas en apuros …, estamos ya un poco hartos de siempre lo mismo. ¿Por qué no nos cuentas algo diferente?
   Vale, vale – concedió el padre – me lo voy a pensar con calma; voy a revisar los cuentos que tenemos y mañana procuraré contaros algo diferente. Pero hoy no; vamos a apagar la luz ahora mismo y a ponernos a dormir.
   ¡Bieeeen! – gritaron entusiasmados los niños, que rápidamente se pusieron a soñar con la sorpresa que tendrían mañana.
El padre apagó la luz, dejó la puerta entornada y se fue para el salón rumiando la promesa – A ver de dónde demonios saco algo diferente.
   La verdad es que tienen razón cariño – le espetó su esposa al llegar al salón, que había oído toda la conversación – los cuentos para niños son todos iguales desde hace generaciones; no me extraña en absoluto que les aburran soberanamente, y eso que aún son muy pequeños.
   Si, ya lo sé, cielo. Pero yo no sé más cuentos que los de toda la vida y, los que les vamos comprando, la verdad es que son más de lo mismo. No sé, buscaré en internet a ver si encuentro algo distinto que les pueda gustar.
   Bueno, - respondió pensativa su mujer - ¿y porque no te inventas algo? A ti eso de escribir se te da bastante bien y tienes facilidad para inventar historias.
Raúl, que así se llamaba el padre, se fue para la cama dándole vueltas al reto que le había lanzado su mujer – La verdad es que Sonia tiene razón, siempre me gustó escribir, pero no sé si seré capaz; escribir para niños no es ninguna tontería. – Se puso a pensar en ello; una idea se le iba y otra se le venía; pensaba diálogos, personajes, situaciones,… el caso es que le dieron las tantas sin haber pegado ojo.
A la mañana siguiente, en el trabajo, estuvo toda la mañana bastante descentrado, la falta de sueño, razonó; pero la verdad es que aún seguía urdiendo en su cerebro alguna historia que poder contar a sus hijos.
A la hora de comer, en lugar de bajar al comedor de la empresa, se quedó en su mesa de trabajo y se puso a escribir:
“Esta es la aventura de Dibujante. Dibujante es joven, mayor que vosotros, pero joven aún. Está estudiando y sabe que cuando sea mayor estudiará Bellas Artes, porque, como habréis adivinado, le encanta dibujar, y lo hace muy bien.
Como dentro de pocos días, el domingo, será el Día de la Madre, Dibujante decide que le regalará a la suya un magnífico ramo de flores; sabe que le gustan muchísimo y se podrá muy contenta con el regalo. Así que se va la floristería a contárselo a Florista para que le aconseje.
Pero la floristería está en obras y no encuentra a Florista; en su lugar se encuentra con Albañil y con Electricista que se están encargando de la restauración.
   Quería hablar con Florista – dice Dibujante - ¿sabéis dónde está?
   No tengo ni idea – contesta Electricista.
   Si, yo sí que lo sé – interviene Albañil – me dijo que como no podía abrir la floristería, aprovecharía la tarde para ir al circo.
   ¡Qué buena idea! – se entusiasmó Dibujante – ahora mismo me voy yo también, que me gusta mucho el circo, y de paso, a lo mejor, encuentro allí a Florista.
Como el circo quedaba un poco lejos, Dibujante paró un taxi que precisamente conducía Taxista, le explicó su plan y le pidió que se diera prisa, no quería llegar tarde a la función. Taxista no tenía muy claro donde se había puesto el circo en esta ocasión, todos los años lo cambiaban de sitio, por lo que optó por preguntarle a Policía, que casualmente pasaba por allí.
   No tenéis ninguna pérdida. Este año lo han puesto en la explanada que hay al sur, saliendo de la ciudad hacia el hospital, justo al lado del polideportivo y de las piscinas.
Al llegar al circo, Dibujante le pago la carrera a Taxista y corrió a comprar una entrada. Por el camino, en un espacio amplio que había delante del circo, vio que se había puesto una especie de mercadillo con varios puestos ambulantes. En uno de ellos, que vendía bisutería y cosas hechas con cuero, reconoció a Mercader y se acercó a saludar.
   ¡Hola Dibujante! ¿vienes al circo? – saludó Mercader.
   Si. Me gusta mucho y hace tiempo que no veo una función; me apetece mucho. Además quiero ver si encuentro a Florista, que me ha dicho Albañil que también ha venido. Por cierto, ¿Qué tal está tu madre? ¿ha mejorado de la gripe?
   Si, gracias. Está muchísimo mejor. – respondió Mercader sonriendo – Por cierto que Florista está dentro, ha pasado a saludar antes de entrar.
Dibujante se despidió de Mercader y, con su entrada en la mano se dirigió a la puerta. Allí estaba Conserje que, después de saludar sonriendo dijo:
   Vete por aquel pasillo del fondo, la tercera fila. Florista está también por esa zona. Y rápido, que ya va a empezar.
La función resultó fantástica; el circo tenía un plantel de artistas estupendos y se lo pasaron de maravilla. Con lo que más disfrutaron, sin duda, fue con las actuaciones de Equilibrista y Trapecista, aunque no dejaron de reconocer que la actuación de Funambulista también había sido espectacular. Para finalizar la función presentaron a Cantante a quién conocían de su barrio y que seguro le serviría para un gran lanzamiento de su carrera. Periodista, que estaba en una localidad cercana a las suyas, comentó que haría una crónica especial en el periódico sobre la maravillosa voz que tenía Cantante.
Al salir del circo Florista le dijo a Dibujante que le acompañase al polideportivo porque tenía que hablar con Gimnasta y sabía que a esa hora estaba entrenando. El caso es que la visita resultó muy accidentada, porque cuando estaban hablando con Gimnasta, un niño pequeño se cayó a la piscina. Por suerte, Socorrista estaba allí cerca, se lanzó rápidamente al agua y lo sacó en seguida. Como Florista tenía el coche aparcado allí mismo, se ofreció para llevarlo al hospital. Había mucho tráfico, como siempre, y Florista se puso a tocar el claxon y encender y apagar las luces para que le dejasen pasar, era una urgencia. Afortunadamente les vio Guardia Civil, que estaba ordenando el tráfico y, con su moto, con la sirena puesta, fue abriendo paso sin mayor dificultad.
Finalmente llegaron al hospital; coincidió que estaba Pediatra de guardia en urgencias y rápidamente se puso con el niño al que, con gran pericia, puso en seguida fuera de peligro. Se quedaron en la sala de espera para ver como finalizaba el incidente y mientras estaban allí se dieron cuenta de la gran cantidad de personas que conocían en el hospital, porque pasaron a saludar Oculista, Dentista, Terapeuta y Anestesista, que estaban en su hora de descanso y bajaban a la cafetería a tomar un café, así que se sumaron al grupo para charlar un rato.
Cuando volvían para casa, en el coche, Dibujante le contó a Florista lo del ramo de flores para su madre, que hasta entonces, con tantas emociones, no había tenido tiempo. Florista le dijo que no se preocupase, que el domingo, que era el Día de la Madre, pasase a primera hora por la floristería y le tendría preparado un hermoso ramo de flores.
Efectivamente, cuando Dibujante llegó a la floristería el domingo, temprano, se encontró a Florista con una gran sonrisa y un ramo de flores encima del mostrador, el ramo más bonito que había visto jamás, un gran ramo de rosas y nardos envuelto en un celofán, adornado con un gran lazo de color azul.
A la madre de Dibujante se le escaparon las lágrimas cuando le llevó el ramo y le dio un gran abrazo.”
   Muy bien, niños – les dijo Raúl por la noche, cuando terminó de contarles el cuento - ¿Os ha gustado?
   ¡Si, papá, ha sido un cuento muy bonito! – respondió Susana.
   Y diferente – apunto Roberto – Pero, que nombres tan raros ¿no?
   Bien, bien, bien – dijo su padre – Ahora quiero que os durmáis y que soñéis con el cuento que os acabo de contar, porque mañana me tenéis que contestar a dos preguntas para ver si habéis estado atentos, ¿Cuántos personajes intervienen en el cuento? y ¿Cuántos son hombres y cuántos mujeres?
A la mañana siguiente, cuando estaban desayunando, Roberto, muy serio, le dijo a su padre:
   Papá, los personajes del cuento de anoche eran veintidós más el niño de la piscina y la madre de Dibujante, pero no sabemos cuántos eran hombre y cuantos mujeres.
   Esa era la idea hijo, esa era la idea. – Respondió Raúl sonriendo.

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