(Relato presentado al I Premio de Escritura Creativa del Taller de Escritores)
Me gusta correr. ¡Vaya
si me gusta! Correr por correr, sin ningún objetivo, sin ninguna meta, sin más;
tan solo por el simple hecho de sentir el aire acariciando mi cara, de sentir
la lluvia azotándome y empapándome, de sentir como las piernas empiezan
agarrotadas y poco a poco se van soltando hasta que casi dejo de sentirlas,
entonces es cuando parece que todo va bien, que despego del suelo y comienzo a
planear. Sentir como mi respiración se acompasa a cada uno de los pasos que
doy, como se torna en jadeo al subir una cuesta y, una vez arriba, comenzar a
bajar soltando los brazos, tranquilizando el latir del corazón, volviendo a
coger velocidad. Me gusta notar como el paso de los kilómetros hace que poco a
poco mis piernas se vuelvan más pesadas, notar como el agotamiento me va
vaciando mi cuerpo por completo, anticiparme a la sensación final de haberlo
dado todo sabiendo que la recuperación me dejará como nuevo para volver a
intentarlo. Y cuando llega el fin de semana y me pongo un dorsal y me uno a esa
marea multicolor de gente que como yo, siente correr la sangre por las venas
cuando el corazón se acelera…¡qué maravilla!, ¡como me gusta correr!
Lástima de pertenecer a
la generación de la talidomida y haber nacido sin piernas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario