A cada vuelta del tambor de la
lavadora
notaba como se le escapaba un retazo de su vida, poco a poco al principio, qué
hice ayer, dónde estuve el mes pasado, cómo celebré la última nochevieja. Para
cuándo terminó el prelavado ya no recordaba haber cambiado de siglo. Le
angustiaba ver como se iban sus recuerdos en un remolino pero permanecía
asomado a la ventana del tambor, igual que el gato. Al empezar el centrifugado
ya sólo le quedaban recuerdos de antes de la primera comunión, entonces la
velocidad aumentó y todo se fue por el desagüe. Maldito alzhéimer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario