Estando sentado en
una cafetería con mi esposa, se nos acercó un joven alto, muy alto y muy
delgado, negro como el betún, tan negro que el blanco de sus ojos refulgía
intensamente. ¿Queréis una película?. -No, gracias – respondimos sonriendo. El
joven se agachó a nuestra altura y espetó: Gracias amigos; sois los primeros en
toda la semana que me miran a los ojos y me sonríen.
Muy, muy bueno.
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