(Relato presentado al Concurso de Narrativa Homenaje a Hemingway y seleccionado para publicación de antología del concurso)
El otro día, aprovechando
una leve mejoría del tiempo, salí a pasear por Pamplona, ciudad en la que
resido en la actualidad. La mañana, en su tibieza, desperezaba lánguidamente
por el caso antiguo silencioso, dominical, invitando al paseo sin prisa.
Encontré una terraza soleada en uno de los pocos bares abiertos; me tentó, así
que ocupé un asiento, le pedí al camarero un café americano, era un poco pronto
para lanzarse a veleidades vermuteras, y me sumergí en el sudoku del periódico.
Estaba bastante
concentrado, por eso no me di cuenta que ella se había puesto detrás de mí. De
repente me sobresaltó diciendo “yo creo que ahí va un cinco”. Me volví y me
encontré una chica guapa, joven, sonriente, un tanto “vintage”. Desde la mesa
de al lado, donde había otros cuatro jóvenes, alguien le dijo “Déjalo Brett, no seas entrometida”.
Levanté la vista y
quedé mudo de asombro. Allí estaban, en persona, Jake, Cohn, Bill y Mike.
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