martes, 4 de agosto de 2015

ROSARIO



Ya no podíamos contar con él, ya ves, durante tantos años siendo nuestro guía, nuestro refugio, y en un momento se acabó todo. Se lo había regalado mi hermano mayor a mamá, cuando se licenció de la mili, en Zaragoza. Era un rosario con las cuentas de pétalos de rosa que te impregnaba los dedos de primavera a medida que ibas desgranando avemarías; todas las tardes, al anochecer, la familia se reunía en torno a la mesa camilla, turnándonos en la dirección del rezo. Hoy se rompió, vi como las avemarías rodaban despavoridas hacia cualquier rincón y el tercer misterio se escondía temeroso debajo del sofá.

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