La maestra les había encargado un trabajo de redacción,
el primero que hacían, ya no eran tan pequeños, les había preguntando ¿Qué es
Aragón para ti?
Cuando llegó el momento de leer, uno se decantó por el
paisaje, ensalzando la magnificencia de las cumbres pirenaicas; otra le cantó
sus loas al Ebro como columna vertebral que lleva la vida por todo el
territorio; alguno hubo que se decantó por el fervor religioso, glosando a la
virgen y a la emoción del tronar de los tambores en semana santa; una niña
recurrió a la épica y remontó la historia lo menos hasta César Augusto; también
se dejó oír el deportivo que vibró relatando los éxitos de nuestro Real
Zaragoza. Finalmente le tocó leer a Luis, el pequeño de la clase, que dijo que
no había escrito nada, ¿por qué, Luis?, porque cuando pienso qué es Aragón para
mí es como si se me llenase todo el pecho de aire, como si me ahogase, no sé
explicarlo muy bien, pero siento que me duele y no me sale escribir nada; es un
sentimiento.
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